Cuando entrenamos de forma regular solemos centrarnos en las calorías, las proteínas o los hidratos de carbono. Sin embargo, existen micronutrientes que, aunque se necesitan en menor cantidad, influyen de forma directa en el rendimiento físico, la recuperación, la salud hormonal y el bienestar general.

La evidencia científica muestra que la vitamina D, el magnesio y los ácidos grasos omega-3 participan en procesos clave del organismo y que, en el contexto del estilo de vida actual, muchas mujeres no los consumen en cantidades suficientes, incluso llevando una alimentación aparentemente equilibrada.

El estilo de vida actual dificulta alcanzar niveles óptimos de vitamina D, magnesio y omega-3 únicamente a través de la alimentación. La menor exposición solar, la calidad nutricional de los alimentos, el estrés y el entrenamiento intenso aumentan las necesidades del organismo. Cuando estos micronutrientes no están presentes en cantidades adecuadas, pueden aparecer cansancio persistente, recuperación lenta, mayor inflamación y menor rendimiento. En este contexto, la suplementación bien pautada no sustituye a una alimentación equilibrada, pero puede ser una herramienta útil para cubrir carencias y optimizar la salud y el rendimiento en mujeres que entrenan

1. Vitamina D: una vitamina con función hormonal

La vitamina D regula la absorción del calcio y del fósforo, lo que resulta esencial para mantener una buena salud ósea. Además, participa activamente en la función muscular, la fuerza y la recuperación tras el ejercicio. También influye en el sistema inmunitario y en la regulación del estado de ánimo.

Ensayos clínicos y estudios poblacionales han observado que las personas con niveles adecuados de vitamina D presentan mejor función muscular y menor riesgo de debilidad ósea. En el ámbito del ejercicio, el ensayo europeo DO-HEALTH analizó durante varios años el efecto de la suplementación con vitamina D3 combinada con actividad física, observando mejoras en parámetros relacionados con la función músculo-esquelética y la salud general, especialmente en personas con niveles bajos al inicio.

Estos efectos se explican porque la vitamina D actúa como una hormona, interviniendo en la activación de genes relacionados con la contracción muscular, la mineralización ósea y la respuesta inflamatoria.

¿POR QUÉ EL DÉFICIT DE VITAMINA D ES TAN FRECUENTE?

A pesar de vivir en países con muchas horas de sol, la deficiencia de vitamina D es muy común. Pasamos gran parte del día en espacios cerrados, entrenamos en interiores y utilizamos protección solar de forma habitual, lo que reduce la síntesis cutánea de vitamina D. Además, los alimentos que contienen cantidades relevantes de esta vitamina, como los pescados grasos, no se consumen con la frecuencia necesaria para cubrir los requerimientos diarios.

FUENTES DE VITAMINA D

La principal fuente sigue siendo la exposición solar moderada, aproximadamente entre diez y veinte minutos al día en brazos o piernas. También se encuentra en la yema de huevo, pescados grasos, lácteos fortificados y champiñones expuestos al sol. En situaciones de baja exposición solar o niveles insuficientes, la suplementación puede ser necesaria bajo supervisión profesional.

2. Magnesio: un mineral clave para la energía y la recuperación

El magnesio participa en más de trescientas reacciones metabólicas del organismo. Es fundamental para la producción de energía a nivel celular, la transmisión nerviosa y la contracción y relajación muscular. También interviene en la regulación del sistema nervioso y en la calidad del descanso.

Estudios de revisión y meta-análisis han mostrado que un aporte adecuado de magnesio se asocia con menor fatiga, mejor recuperación muscular y reducción de calambres, especialmente en personas físicamente activas. Además, investigaciones recientes han observado que el magnesio actúa como cofactor de la vitamina D, facilitando su activación y potenciando sus efectos sobre el músculo y el sistema inmune.

Algunos meta-análisis han analizado la suplementación conjunta de magnesio y vitamina D, observando una reducción de marcadores inflamatorios, lo que resulta relevante en mujeres que entrenan de forma intensa y buscan optimizar su recuperación.

POR QUÉ EL MAGNESIO NO SIEMPRE ESTÁ PRESENTE EN LA DIETA

Aunque el magnesio se encuentra en muchos alimentos, su consumo suele ser insuficiente. El empobrecimiento de los suelos agrícolas ha reducido el contenido mineral de frutas y verduras, mientras que el aumento del consumo de alimentos ultraprocesados ha desplazado a alimentos ricos en micronutrientes. A esto se suma que el estrés físico y mental incrementa las necesidades de magnesio del organismo.

FUENTES DE MAGNESIO

Se obtiene principalmente a través de frutos secos, semillas, legumbres, verduras de hoja verde y cereales integrales. Cuando la dieta no cubre las necesidades, la suplementación con formas de buena absorción puede valorarse de forma individualizada.

3. Omega-3: grasas esenciales con efecto antiinflamatorio

Los ácidos grasos omega-3, especialmente EPA y DHA, son grasas esenciales que el organismo no puede producir en cantidad suficiente. Son fundamentales para la regulación de la inflamación, la salud cardiovascular y el correcto funcionamiento del sistema nervioso.

Revisiones científicas publicadas en revistas especializadas como Nutrients han analizado el papel de los omega-3 en personas activas, observando que un consumo adecuado se asocia con menor inflamación muscular, mejor recuperación tras el ejercicio y mejoras en la función muscular. Estos efectos son especialmente relevantes en mujeres que entrenan con regularidad, ya que el ejercicio intenso genera estrés inflamatorio que debe ser correctamente regulado.

El mismo ensayo DO-HEALTH también evaluó la suplementación con omega-3 junto con vitamina D y ejercicio, observando beneficios adicionales sobre la función física y la salud general, lo que refuerza la idea de que estos nutrientes actúan de forma complementaria.

POR QUÉ EL CONSUMO DE OMEGA-3 SUELE SER BAJO

En la dieta actual ha disminuido el consumo de pescados grasos, principales fuentes de EPA y DHA. Al mismo tiempo, existe un exceso de ácidos grasos omega-6 procedentes de aceites vegetales y alimentos procesados, lo que favorece un entorno más inflamatorio si no se compensa adecuadamente. Las fuentes vegetales aportan omega-3 en forma de ALA, cuya conversión a EPA y DHA es limitada.

FUENTES DE OMEGA-3

Las principales fuentes dietéticas son pescados grasos como el salmón, la sardina, la caballa o el atún. También se encuentran en semillas de chía o lino y en nueces. En personas que no consumen pescado de forma habitual, la suplementación con aceite de pescado o de algas puede ser una alternativa.

4. ¿Por qué estos meganutrientes son necesarios incluso con una dieta equilibrada?

El estilo de vida actual dificulta alcanzar niveles óptimos de vitamina D, magnesio y omega-3 únicamente a través de la alimentación. La menor exposición solar, la calidad nutricional de los alimentos, el estrés y el entrenamiento intenso aumentan las necesidades del organismo.

Cuando estos micronutrientes no están presentes en cantidades adecuadas, pueden aparecer cansancio persistente, recuperación lenta, mayor inflamación y menor rendimiento. En este contexto, la suplementación bien pautada no sustituye a una alimentación equilibrada, pero puede ser una herramienta útil para cubrir carencias y optimizar la salud y el rendimiento en mujeres que entrenan.

Antes de tomar cualquier suplementación o complementos vitamínicos consulta con tu médico.

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